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Erase una vez un olivo…Así, comienza una historia verdadera.
02/07/2019

El cuento del olivo viajero y de cómo llegó a ALFAEM Salud Mental León

   

El olivo ya se encuentra en el Centro Residencial de ALFAEM Salud Mental León 


Érase una vez un olivo…Así, comienza una historia verdadera. Una crónica que trata sencillamente de un árbol milenario. No hay nada más humano, nada más misterioso y apasionante que un relato que narra las aventuras de una planta a la que se le han atribuido propiedades mágicas desde la antiguedad. Y es que esta es la historia de una pepita de oliva, depositada, seguramente, por un ave, en un campanario del mediterráneo en el que germinó para sorpresa de todos. Transcurren unos años y tras varias peripecias ahora sigue creciendo, rebosando salud y paz en una residencia de León, para el goce y disfrute de las personas con problemas de salud mental que aquí residen.

El olivo viajero apareció en nuestras vidas una mañana cualquiera. Llamó a nuestra puerta su cuidador, que deseaba más que nada en este mundo darle vida a la ya pintoresca historia de su inquilino.

 

Imagen del Olivo en el campanario de la Basílica de San Feliu en Girona  

El cuidador que se llama Tino, por aquel entonces conoció a nuestro peculiar amigo cuando se encontraba trabajando como encargado de la rehabilitación de la Basílica de Sant Feliu en Girona. Durante las obras de limpieza y restauración de las cubiertas, principalmente en la torre del campanario, tuvieron que eliminarse algunas plantas e incluso árboles que habían enraizado en su superficie consecuencia de las idas y venidas de aves viajeras que dejaban aquí parte de sus botines en forma de semillas. Entre ellos, se encontraron con nuestro protagonista, un olivo que gozaba de cierta frondosidad y acaparó la atención de su futuro protector. Una persona que, con gran cariño y respeto hacia esta naturaleza caprichosa, procuró, con sumo cuidado, trasplantarlo y darle así posibilidad de prolongada vida, como es propio de los olivos, algunos de los cuales llegan a ser por varias veces centenarios. Esta es parte de la historia que reza en un escrito que llega a nuestras manos, firmado de puño y letra por Joan Babures, rector de la citada basílica y que certifica el origen de nuestro olivo andarín.

Y así, Tino cuidó unos años del olivo, hasta que hace unos días se acercó a las oficinas de nuestra asociación para relatarnos su peculiar historia, que escuchamos con sorpresa y admiración. Fruto de su generosidad y de la necesidad del cuidador de darle a su amigo la notoriedad que se merecía, tal cual padre orgulloso, nos regaló el apreciado árbol, no sin antes relatarnos las mil y una historias que conocía sobre su compañero y su extensa y milenaria familia. Y es que, el olivo nos llega desde los orígenes de la mitología griega, pasando por el Arca de Noé, pero también motivo de inspiración de pintores como Van Gogh y Matisse o de Pablo Picasso, artista que le dedicó, junto a su fiel paloma, uno de sus conocidos cuadros y que sirvió para ilustrar el  cartel del Congreso Mundial por la Paz en 1949, después de la Segunda Guerra Mundial.

 

Momento en el que se trasplantó el olivo en presencia de Tino, familiares, usuarios  y profesionales de la entidad 

 

En cualquier caso, todos los cuentos que nos contaban nuestros padres y abuelos empezaban con un fantástico 'Érase una vez...' llenísimo de posibilidades. La historia presentaba a sus protagonistas, planteaba el nudo y se resolvía en el desenlace. Y todos ellos acababan con la promesa del final feliz mientras comían perdices. En nuestro cuento no sabemos si comeremos perdices, lo que sí es seguro es que seremos un poco más felices compartiendo nuestro regalo con todos los que quieran admirarlo, gracias a la generosidad de Tino y su olivo viajero.  

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