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Motivados, con ganas y en busca de una oportunidad
26/07/2016

Motivados, con ganas y en busca de una oportunidad

El acceso al mercado laboral es uno de los principales retos a los que, día a día, se enfrentan las personas con discapacidad por enfermedad mental. La sensibilización del tejido empresarial hacia las circunstancias de este colectivo aún es tan escasa como numerosos los estigmas, pero no impide que poco a poco vayan surgiendo oportunidades en forma de prácticas formativas o de contrataciones, aunque en su mayor parte estén vinculadas a Centros Especiales de Empleo o asociaciones de discapacidad. Oportunidades a fin de cuentas que, sea cual sea su origen, son imprescindibles para reforzar las competencias y la confianza en sí mismos de hombres y mujeres ansiosos por demostrar su valía, que es mucha. Hoy os presentamos a Ernesto, Adrián, Damián, Ricardo, Jesús, Marifé, Héctor, César, Aquilino, Encarnación, Dani y Tamara, ejemplos de lucha y perseverancia que ponen, con sus historias, cara a la lucha diaria por la ansiada integración laboral.

85 de cada 100 personas con discapacidad por enfermedad mental están, a día de hoy, en situación de desempleo en nuestro país. Lo dice la Fundación ONCE en su “I Informe del Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo en España” publicado hace apenas unos meses, que señala a este colectivo como el que presenta una menor tasa de empleabilidad, un 15,8%, de entre todos los que tienen algún tipo de discapacidad. Con un registro levemente superior (17,4%) se sitúan las personas con discapacidad intelectual; las que están aquejadas por alguna discapacidad física o de movilidad alcanzan el 28,4%; y las mayores tasas de empleo en este ámbito corresponden a las discapacidades sensoriales auditivas (44,6%) o visuales (33,6%).

La rotundidad de estas cifras evidencia hasta qué punto la inserción laboral se ha convertido en un hándicap al que diariamente se enfrentan las personas con discapacidad por enfermedad mental. Hombres y mujeres en busca de una oportunidad para demostrar su valía que, en demasiadas ocasiones, chocan con el muro del desconocimiento social y empresarial que les cuelga el cartel de “problemáticos”.

Ernesto y Adrián, en pleno periodo de prácticas en E. Leclerc.

Lo confirma la responsable del Área de Empleo de ALFAEM Salud Mental León, Alicia López, para quien “hay muy poca sensibilidad por parte de las empresas hacia este colectivo, principalmente por desconocimiento de la enfermedad mental y de su realidad”. Tanto es así que buena parte de los empresarios rechaza contar con estos trabajadores “porque consideran que pueden ser fuente de conflictos”. Afortunadamente hay excepciones y, con ello, empresas que les abren sus puertas para brindarles un contrato laboral o un periodo de prácticas que les forme y les pueda conducir en un futuro próximo a ser parte de la plantilla; todas las propuestas son bienvenidas, aunque siempre que de ellas se desprenda una utilidad presente o futura. “Somos partidarios de las prácticas, pero no de hacerlas porque sí; deben de aportarle algo a la persona que las desempeña”, apunta Alicia López, ya sea que el usuario aprenda destrezas nuevas, que descubra otras profesiones que pueden encajar con su perfil, que tome contacto con la realidad de una empresa y sus rutinas laborales o que le sirvan para reafirmar su motivación de cara a seguir activo en la búsqueda de empleo.

¿Y las personas con discapacidad por enfermedad mental? ¿Cómo afrontan el reto de la búsqueda de empleo? Pues, en el caso de Ernesto y Adrián, acometiendo un periodo de prácticas en E. Leclerc León. Son dos usuarios de ALFAEM Salud Mental León que, durante un mes, han recorrido los pasillos de esta gran superficie para imbuirse de su rutina laboral, a fin de adquirir nuevas destrezas que les brinden una oportunidad de cara al futuro. La propuesta les resultó ilusionante a ambos, pero muy especialmente a Ernesto, que volvía a un sector en el que ya había trabajado muchos años antes y que siempre le ha gustado porque “te da la posibilidad de hacer cosas distintas”, dice. Otra variable importante, el ambiente de trabajo, también le dejó un buen sabor de boca porque, “los compañeros fueron muy majos con nosotros”; eso sí, poniendo el acento en que “nosotros también colaboramos mucho con ellos”. Adrián le da la razón, porque lo cierto es que también él ha disfrutado de sus prácticas, aunque si tiene que quedarse con algo es con el día que vio que en la empresa se utilizaba transpalet, una máquina que él ya había aprendido a utilizar hace años. Un auténtico subidón, “por lo que presta llegar a un sitio nuevo y ver que ya sabes hacer cosas”, cuenta orgulloso. En lo que ambos coinciden es en que el trabajo les ha resultado “llevadero”, y que es “una buena manera de entretenerse, relacionarse con otras personas y aprender cosas nuevas”. Porque lo tienen claro, “algo hay que hacer en la vida, ¿no?”.

Damián y Ricardo tuvieron la oportunidad de hacer prácticas en un vivero

De la misma opinión son Damián y Ricardo, otros dos usuarios que en las últimas semanas han puesto fin a un periodo de prácticas como peones de jardinería en Viveros Galileo. “Se disfruta teniendo nuevas rutinas y cosas que hacer”, dice Damián, doblemente contento porque “las labores han sido llevaderas y no nos hemos cansado mucho”. ¿Lo peor? La temperatura, que dentro de los invernaderos se eleva hasta en 10 grados. Aun así han tenido suerte y no han sufrido los rigores veraniegos con demasiada crudeza; “terminamos justo a tiempo, porque lo peor viene ahora”, dice Ricardo al saber que se avecina una ola de calor africano.

También acaba de poner punto y final a su periodo de prácticas Jesús, otro de los usuarios que en su día se puso en manos del Área de Empleo para, a través del Programa de Itinerarios Personalizados de Apoyo al Empleo para Personas con Discapacidad, adquirir nuevas destrezas que mejorasen su inserción laboral. En su caso, ha desarrollado tareas administrativas, de recepción y de atención al público en la sede central de ALFAEM Salud Mental León y en el Centro Residencial; un rol que desde siempre le había llamado la atención pero en el que no tenía experiencia profesional y que, confiesa, le ha gustado bastante. “Ha sido una buena toma de contacto; tanto que no me importaría dedicarme a ello si con ello se puede conseguir un empleo estable”. Y lo cierto es que ya lleva tiempo detrás de él, porque tras haber desempeñado en el pasado puestos de reponedor, agente de seguros o teleoperador, “en estos últimos dos años sólo he conseguido trabajar envolviendo regalos en las campañas de Navidad”. Desde entonces, un sinfín de currículums y de cursos, y siempre, la losa de la discapacidad: “no hay sensibilidad por parte de las empresas hacia nuestra situación; es más, en ocasiones hasta parece que tienes que demostrar el doble”.

Jesús descubrió una nueva vocación 

Y es que, desgraciadamente, el estigma sigue estando muy presente en el mundo laboral a la hora de hablar de la enfermedad mental. De ahí la importancia de la labor que desarrollan los Centros Especiales de Empleo, cuyo objetivo principal pasa por proporcionar a los trabajadores con discapacidad la realización de un trabajo productivo y remunerado, adecuado a sus características personales y que facilite su integración en el mercado ordinario de trabajo. A esos Centros y a las organizaciones vinculadas al sector de la discapacidad es a quienes, a día de hoy y en tanto se sigue avanzando en la sensibilización del tejido empresarial tradicional, se les debe el grueso de las contrataciones de las personas con discapacidad por enfermedad mental. Buena prueba de ello son las últimas incorporaciones de usuarios de ALFAEM Salud Mental León a la plantilla del Centro Especial de Empleo “La Senda S.L.U”. Prácticamente todos ellos habían accedido en su momento a unas prácticas formativas diseñadas por la Asociación para facilitarles el reciclaje profesional, y esa inversión ha dado sus frutos. Ahora desempeñan tareas administrativas, de limpieza o de mantenimiento de huertos y jardines en recursos de la misma Asociación.

Marifé no imaginaba dedicarse profesionalmente a funciones administrativas

Marifé pone cara a una de esas nuevas inserciones laborales. Usuaria de ALFAEM Salud Mental León desde hace más de veinte años, durante ese tiempo no ha dejado de hacer cosas, ya fueran prácticas formativas gestionadas a través de la Asociación o trabajos de limpieza o de atención al público en los recursos de ALFAEM y en diversas empresas privadas. “He trabajado en muchos sitios, limpiando en un colegio, en una gasolinera, en un catering… pero pocas horas, y buscaba estabilidad”. A juzgar por el tamaño de su sonrisa, parece que ahora la ha encontrado, porque desde hace varias semanas tiene en su haber un contrato del Centro Especial de Empleo “La Senda SLU” para atender funciones administrativas y de recepción en el Centro Residencial ALFAEM. Dice estar “encantada” y, lo que son las cosas, sorprendida porque, aunque en su día cursó estudios de Secretariado Internacional, no contaba acabar dedicándose a ello. Lo que le toca ahora, afirma, es ponerse las pilas con el ordenador, “que es lo que más me cuesta”. Tiempo al tiempo, porque ganas no le faltan.

Héctor y César se ocupan de los espacios verdes de la Residencia ALFAEM

Quienes apenas han tenido tiempo para ponerse las pilas con sus nuevas ocupaciones son Héctor y César, a los que el reciclaje profesional y la nueva andadura laboral no les ha dado respiro. Hace unos meses participaron en un curso de agricultura orgánica organizado por ALFAEM, cuya formación práctica se llevaba a cabo en los espacios verdes de la Residencia ALFAEM. Al finalizar esa formación, estaba previsto contratar a dos alumnos para llevar a cabo el mantenimiento de esas zonas, y ellos fueron los elegidos. Hoy, se les ilumina la cara al hablar de las labores que desempeñan y de los resultados que van obteniendo. “Es de las pocas veces que no vengo amargado a un trabajo”, sentencia César. Tampoco Héctor esconde su satisfacción por desarrollar una labor “que es muy agradecida y que te permite ver el fruto de lo que haces”; más aun teniendo en cuenta que empezó el curso casi un mes más tarde que los demás y tuvo que hacer un esfuerzo extra para alcanzar el nivel necesario y así poder optar a ser contratado después: “Le puse muchas ganas y mucha iniciativa; quería que me eligieran al terminar el curso, y también a César, porque hacemos un buen equipo”.

Encarnación se ocupa de labores de limpieza

Y es que ese curso ha sido un auténtico filón de cara a contrataciones posteriores. Aquilino es otro de los usuarios participantes, y un entusiasta declarado de las labores de jardinería y horticultura; tanto, que baja a menudo a la Residencia ALFAEM a echar una mano a Héctor y a César con el cuidado de los espacios verdes. Eso sí, compaginándolo con su nuevo contrato para desempeñar labores de limpieza en el Centro Ocupacional “La Senda”. “Me gusta más la jardinería, la verdad. Pero con lo de la limpieza me saco un dinero al mes, y ahora que llega el verano y me tocará sustituir a gente que está de vacaciones, conseguiré más horas”. También aborda labores de limpieza, aunque en este caso en la sede que ALFAEM Salud Mental León tiene en Astorga, Encarnación, una de las usuarias de esa delegación. Encarnación es una cocinera consumada que durante muchos años trabajó en hostelería hasta que su enfermedad le obligó a parar. En el momento de querer reengancharse al mercado laboral, resultó imposible. “Mis antiguos jefes no podían volver a contar conmigo, y desde entonces me he pasado cinco años buscando empleo sin descanso”, dice. Está contenta con el trabajo en la sede astorgana de ALFAEM; aunque son pocas horas, se siente “a gusto” por volver a conectarse con el mundo laboral, “y quién sabe lo que deparará el futuro”.

Dani ha ganado en confianza desde que empezó a trabajar en el huerto de ALFAEM

Y quién lo sabe, cierto es. Seguro que Dani, uno de los usuarios de la delegación de Ponferrada, no se hubiera creído hace un año, cuando finalizó sus estudios de Ingeniería Técnica Agrícola, que en el futuro iba a “trabajar de lo suyo” en el huerto terapéutico que ALFAEM tiene en Camponaraya. Empezó haciendo prácticas gestionadas a través de la Asociación en el Consejo Comarcal del Bierzo, periodo que le sirvió para “ganar experiencia y seguridad en mí mismo”. Y por qué no, a coger fuerzas para la búsqueda de empleo posterior, ya que “hace falta estar motivado porque la cosa está complicada; tanto, que en ocasiones yo no pongo que tengo una discapacidad, porque hay gente a la que le echa atrás esta circunstancia”. La suerte cambió de cara con la oportunidad de acometer un periodo de prácticas de dos semanas en el huerto terapéutico que gestiona la delegación ponferradina de ALFAEM, “que estuvo genial”. Y luego llegó el contrato, y con él la satisfacción de sentirse “muy bien, con más confianza y ganas de aprender“. Un sentimiento parecido al que seguro experimenta estos días Tamara, otra usuaria de la delegación de Ponferrada que apura su última semana de prácticas en el huerto de Camponaraya antes de iniciar una nueva andadura laboral para, de la mano del Centro Especial de Empleo “La Senda SLU”, atender los cuidados de la parcela junto a Dani. Tras dos años de búsqueda activa de empleo, este nuevo comienzo reafirma una sonrisa que, a pesar de las adversidades, nunca ha llegado a borrarse de su rostro. ¿Su secreto? “Rodearse de gente adecuada, que nos ayude a ser optimistas y a mantener una actitud positiva”. Una combinación de éxito que ya ha empezado a dar sus frutos y que lo seguirá haciendo, porque precisamente ganas no le faltan a Tamara; ha encontrado su oportunidad y no piensa dejarla escapar.

Tamara apura sus prácticas antes de ser contratada por el Centro Especial de Empleo

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